domingo, 13 de marzo de 2011
sábado, 12 de marzo de 2011
Se paró el reloj.
Yo no escogí enamorarme de ti. Pero la primera vez que te besé, nuestros dientes se rozaron por una milésima de segundo y fue increíble, y la hora exacta de ese beso eran las 12.10 y quité la pila del reloj, para que se quedase la hora detenida para siempre, parada. El minuto exacto en el que me besaste está metido en un reloj para siempre y ya nunca se qué hora es, pero me da igual, y desde entonces miro constantemente el reloj...
martes, 8 de marzo de 2011
da.
Te quiero, sin reflexionar, inconscientemente, irresponsablemente, espontáneamente, involuntariamente, por instinto, por impulso, irracionalmente. En realidad no tengo argumentos lógicos, ni siquiera improvisados. Sólo sé que te quiero. Nunca pensé que fueras a ser tú, pero lo eres. Eres tú y tu manera de hacer las cosas. Tu forma de mirarme, tu risa, tus gestos, tu pelo. Porque se me acabaron las excusas, y ya no puedo decir: "si tu supieras", porque lo sabes, porque me conoces. Tengo tantas cosas que decirte, que no sé por dónde empezar. Y puede que si me pusiera a escribírtelas una a una, me quede en blanco, lo más seguro. Quizás sea el momento de darte las gracias por todo este tiempo que pasamos juntos, o de dártelas también por el tiempo que nos queda. Es posible que sea el momento adecuado para decirte, asegurarte, que en esta vida ya no quiero otros besos, ni otros abrazos, ni otro número de teléfono al que llamar por las noches, ni otra voz a la que hablar. No quiero otros sueños, me gusta lo que sueño. Porque mi vida empezó el día en que te conocí: tú me enseñaste a vivir.
lunes, 7 de marzo de 2011
Entre tú y yo, la realidad.
Una pared de cristal, diez toneladas de soledad, el minutero del reloj, me ha vuelto a dar la razón.
No es hora de que tú, me digas que no, que no, ¡que nooo!
No es hora de que tú, me digas que no, que no, ¡que nooo!
No te pierdo de vista, y ya te echo de menos.
No quiero ningún gramo, que no sea de tu cuerpo.
sábado, 5 de marzo de 2011
Se hace todo tan cuesta arriba...
Te levantas cada mañana con la esperanza de que el sol brille, que las nubes sean blancas y esponjosas, y ver en ellas figuras. Sí, eso sería lo bueno... Pero cuando todo parece que se normaliza, te das cuenta de que todo eso del sol y de las nubes, es tan solo un sueño. Despierta princesa, has vuelto a la realidad.
Porque lo único que buscamos todos en la vida es ver a la persona que queremos cuando abrimos los ojos por la mañana.
Yo no escogí enamorarme de ti. Pero la primera vez que te besé, nuestros dientes se rozaron por una milésima de segundo y fue increíble, y la hora exacta de ese beso eran las 12.10 y quité la pila del reloj, para que se quedase la hora detenida para siempre, parada. El minuto exacto en el que me besaste está metido en un reloj para siempre y ya nunca se qué hora es, pero me da igual, y desde entonces miro constantemente el reloj.
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